BibliotecaPracticar

Medio ambiente ·

Un continente bajo la presión del calor: ¿por qué se calienta Europa más rápido que el resto del mundo?

Lo que hace solo unas décadas se consideraba una excepción hoy se convierte cada vez más en la regla; los veranos en Europa no solo se vuelven más calurosos, sino también más largos, más secos y más peligrosos. Según el servicio europeo Copernicus, que vigila el clima, Europa es el continente que se calienta más rápido, y las temperaturas allí aumentan aproximadamente el doble de rápido que la media mundial. Especialmente afectado está el Mediterráneo, donde en muchas ciudades los termómetros marcan cada vez con más frecuencia más de 40 grados, mientras que las llamadas noches tropicales, en las que la temperatura no baja de 20 grados, hace tiempo que se han convertido en algo cotidiano. Lo que las estadísticas describen de forma abstracta, millones de personas lo sienten cada verano en su propia piel.

El calor persistente, combinado con sequías cada vez más intensas, crea condiciones casi ideales para los incendios forestales, que cada verano destruyen enormes superficies en Grecia, España, Portugal e Italia. El incendio que arrasó en 2023 la región de Evros, en el noreste de Grecia, se considera el mayor incendio forestal que jamás se haya registrado en la Unión Europea. Los incendios no solo destruyen ecosistemas que se han formado a lo largo de siglos, sino que también amenazan los pueblos, las infraestructuras y las vidas humanas, y los costes de extinción y reconstrucción aumentan año tras año. No menos graves son las consecuencias de la sequía para la agricultura; cuando las cosechas se pierden, no sufren solo los agricultores, sino también los consumidores, ya que los precios de los alimentos suben. En algunas regiones de España e Italia, las autoridades incluso han tenido que restringir el suministro de agua en los últimos años.

Las olas de calor suponen también un grave riesgo para la salud pública, sobre todo para las personas mayores, los niños pequeños y los enfermos crónicos, cuyo organismo regula la temperatura corporal con más dificultad. Cuando ni siquiera de noche refresca, el cuerpo no se recupera, lo que además sobrecarga el corazón y la circulación. Según las estimaciones de los investigadores, solo en el verano de 2022 murieron en Europa más de 60.000 personas a causa del calor, lo que demuestra que muchos países todavía no están suficientemente preparados. Tras la catastrófica ola de calor de 2003, en la que murieron miles de personas, Francia introdujo un sistema nacional de alerta temprana, que hoy sirve de modelo también a otros países.

En las ciudades el problema se agrava además por el llamado efecto isla de calor, ya que el asfalto y el hormigón absorben el calor durante el día y lo liberan solo por la noche. Por eso las ciudades de toda Europa experimentan con diversas medidas de adaptación, desde plantar árboles y crear nuevos parques hasta techos blancos que reflejan la luz solar. En Barcelona, por ejemplo, las escuelas, las bibliotecas y otros edificios públicos se convierten en refugios climáticos durante las olas de calor, donde la gente puede refugiarse del calor. Los críticos siguen advirtiendo de que estas medidas, por útiles que sean, solo alivian los síntomas y no eliminan la causa del problema.

En la comunidad científica apenas hay dudas de que la causa principal de esta tendencia es el cambio climático provocado por el ser humano. Con la quema de carbón, petróleo y gas se liberan a la atmósfera enormes cantidades de gases de efecto invernadero, que retienen el calor y así aumentan la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos. Los modelos climáticos muestran que veranos como los de los últimos años, si las emisiones no se reducen drásticamente, podrían convertirse en la norma ya a mediados de siglo. Precisamente por eso los investigadores subrayan que la adaptación, aunque imprescindible, no puede sustituir la protección del clima, sino que debe ir de la mano con ella. La Unión Europea se ha fijado como objetivo convertirse en climáticamente neutra para 2050, pero que esta ambiciosa promesa se cumpla dependerá sobre todo de la coherencia con que los estados miembros apliquen las medidas acordadas.

Has leído el texto

Idiomas

Mi nivel