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¿Quién trabajará en una Europa que envejece?

Europa es el continente con la población más envejecida del mundo. En casi todos los países europeos, las mujeres tienen de media menos de dos hijos, pero para una población estable serían necesarios unos 2,1 hijos por mujer. Al mismo tiempo, la gente vive cada vez más tiempo gracias a una mejor medicina y a mejores condiciones de vida. Por ello, el número de jubilados crece, mientras que el número de personas en edad de trabajar disminuye.

Este cambio ejerce una gran presión sobre los sistemas de pensiones. En la mayoría de los países europeos, los trabajadores actuales pagan las pensiones con sus cotizaciones. Si el número de trabajadores disminuye, los estados deben o bien aumentar las cotizaciones o elevar la edad de jubilación. Alemania, por ejemplo, está subiendo poco a poco ese límite a 67 años. Al mismo tiempo, las personas mayores necesitan más medicamentos, tratamientos hospitalarios y cuidados. Por eso los gastos sanitarios aumentan precisamente en un momento en que cada vez menos personas pagan impuestos y cotizaciones.

La escasez de mano de obra ya es visible en muchos sectores. En los hospitales y las residencias de ancianos faltan enfermeras y cuidadores, y en las obras y en los talleres no hay suficientes operarios. En Alemania, muchas empresas ya no pueden cubrir los puestos vacantes, sobre todo en las zonas rurales. Los economistas advierten de que el problema será aún mayor cuando las numerosas generaciones nacidas en los años sesenta se jubilen en los próximos años.

Como respuesta, Alemania intenta atraer trabajadores del extranjero. Con la ley de inmigración de trabajadores cualificados, el país flexibilizó las condiciones para los trabajadores de países de fuera de la Unión Europea. Desde 2016 la llamada regulación de los Balcanes Occidentales permite a los ciudadanos de Albania, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia trabajar en Alemania. Para ello no necesitan una cualificación formal, sino solo un contrato de trabajo con un empleador alemán. Desde 2024 la cuota anual es de 50.000 personas.

Pero lo que es una solución para Alemania representa un problema grave para países como Macedonia del Norte. Según las estimaciones, cientos de miles de ciudadanos ya han abandonado el país, sobre todo jóvenes y personas con estudios. Cuando se van las enfermeras y los médicos, los hospitales de Skopie, Bitola o Tetovo tienen cada vez menos personal. Así el propio país envejece aún más rápido, porque se van precisamente aquellos que deberían financiar las futuras pensiones. ¿Puede Europa resolver el problema sin debilitar a sus vecinos?

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