¿Es el Mundial demasiado grande?
En el verano de 2026 por primera vez tres países organizaron conjuntamente el Mundial de fútbol: los Estados Unidos de América, Canadá y México. Este fue también el primer Mundial con 48 selecciones, en lugar de las 32 anteriores. El número de partidos aumentó de 64 a 104, y el torneo duró casi seis semanas. Las sedes fueron 16 ciudades: once en Estados Unidos, tres en México y dos en Canadá.
El partido inaugural fue disputado en el legendario estadio Azteca en Ciudad de México, donde se jugaron por tercera vez partidos de un Mundial después de 1970 y 1986. Para la final fue elegido el estadio MetLife cerca de Nueva York, que tiene capacidad para más de 80.000 espectadores. Las distancias entre las ciudades eran enormes: de Vancouver a Miami hay más de 4.000 kilómetros. Por eso la FIFA distribuyó los partidos de grupo por regiones, para que los equipos y los aficionados no tuvieran que viajar constantemente por todo el continente. Además, los jugadores tuvieron que lidiar con diferentes husos horarios y, en algunos lugares, con un intenso calor veraniego. Los expertos en salud y los sindicatos de jugadores hacía tiempo que advertían de que las temperaturas de más de 30 grados son peligrosas para los deportistas.
Como casi todos los estadios ya existían, los países anfitriones no tuvieron que construir nuevos estadios, como fue el caso en Catar o en Brasil. Pero los aficionados se quejaron de los altos precios de las entradas. La FIFA utilizó por primera vez precios dinámicos, lo que significa que el precio de la entrada sube o baja según la demanda. Así, para los partidos atractivos, sobre todo en la fase final, algunas entradas costaban varios miles de dólares. Los críticos dicen que así el Mundial se convierte en un evento para ricos, y no para los aficionados corrientes.
El mayor debate, sin embargo, giró en torno al nuevo formato. Las selecciones fueron divididas en 12 grupos de cuatro equipos cada uno. A la nueva ronda de 32 equipos accedieron los dos primeros de cada grupo, pero también los ocho mejores terceros. Los defensores del formato creen que más países de África, Asia y Oceanía ahora tienen la oportunidad de participar. Los detractores, en cambio, temen que la calidad baje y que los jugadores estén aún más sobrecargados. El equipo que llegue a la final ahora debe jugar ocho partidos en lugar de siete.
Para la FIFA la ampliación es ante todo un gran negocio, porque más partidos traen más ingresos de los derechos de televisión y de los patrocinadores. El próximo Mundial en 2030 abarcará nada menos que seis países en tres continentes. Pero, ¿necesita el fútbol realmente un torneo tan grande?