¿Cuánto tiempo resistirá la economía mundial?
Cuando la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos presentó sus previsiones intermedias el 23 de septiembre en París, la conclusión sonó casi alentadora. La economía mundial, que creció un 3,4% el año pasado, debería registrar este año un crecimiento del 2,9%, lo que supone una décima más que la estimación de junio. Al mismo tiempo, la OCDE recortó su previsión para 2027 al 3%. Se trata por tanto de una desaceleración, pero no estamos ante la crisis que muchos esperaban tras el estallido de la guerra con Irán.
La OCDE encuentra la explicación de esta resistencia en varios factores que actuaron simultáneamente. Los gobiernos protegieron con amplias medidas a los hogares y a las empresas de los altos precios de la energía. Los productores de fuera del Golfo aumentaron la oferta de petróleo y gas, y con el uso de las reservas estratégicas se amortiguó el golpe más duro. No menos importante fue también el auge de la inteligencia artificial, que impulsó la inversión, la producción y el comercio.
Pero el panorama por países es desigual. Para Estados Unidos se prevé un crecimiento del 2,2%, mientras que China, con un 4,5%, sigue siendo la que crece más rápido entre las grandes economías. La zona euro, cuya previsión se elevó en dos décimas, debería crecer un modesto 1%. La sorpresa del año es Alemania, cuya previsión subió del 0,7 al 1,1%, ya que la demanda de electrónica, impulsada por el auge de la inteligencia artificial, aumentó de forma inesperada sus exportaciones. A esto se suman también las inversiones públicas en defensa e infraestructuras. También evoluciona mejor de lo esperado Italia, cuya previsión pasó del 0,5 al 0,9%. España, con un crecimiento del 2,6%, sigue siendo una de las economías europeas más dinámicas, mientras que la previsión para Francia se rebajó hasta apenas el 0,4%.
Tras las relativamente buenas cifras de crecimiento se esconde, sin embargo, un problema que no desaparecerá pronto. La inflación en los países del grupo G20 debería alcanzar el 4,1% este año, lo que está por encima del 3,4% en que se situó el año pasado. Y en la zona euro, donde el crecimiento es modesto, se espera incluso una inflación de alrededor del 3%. En España la inflación podría alcanzar el 3,7%, lo que demuestra que el crecimiento rápido también tiene su precio. El secretario general Mathias Cormann, que presentó el informe junto con el economista jefe Stefano Scarpetta, advirtió por ello de que los colchones que hasta ahora habían absorbido el choque se están agotando gradualmente.
Cuánto tiempo va a durar esta resistencia depende ante todo de Oriente Medio. Si la guerra se prolonga y las exportaciones de productos energéticos de la región siguen alteradas, la presión sobre los precios podría intensificarse de nuevo. La OCDE señala también los riesgos de un El Niño excepcionalmente fuerte, así como de una nueva subida de la rentabilidad de los bonos soberanos a largo plazo.
La pregunta más delicada, sin embargo, se refiere al propio motor del crecimiento registrado hasta ahora. Si las enormes inversiones en inteligencia artificial no generan los beneficios esperados, podrían debilitarse precisamente las fuerzas que sostuvieron la economía este año. En otras palabras, la resistencia de la economía mundial descansa por ahora sobre cimientos frágiles.