La ajustada victoria de la izquierda abre una difícil búsqueda de un nuevo Gobierno sueco.
Las elecciones legislativas suecas del 13 de septiembre terminaron con un resultado que se mantuvo incierto hasta el último momento: los cuatro partidos de centroizquierda obtuvieron 176 de los 349 escaños en el Riksdag, con una ventaja de solo tres escaños sobre el bloque del Gobierno saliente. Tras el recuento definitivo de los votos, el 17 de septiembre, el primer ministro Ulf Kristersson presentó su dimisión en una carta al presidente del parlamento. Con ello terminan cuatro años en los que Suecia fue gobernada por un Gobierno en minoría de los Moderados, los democristianos y los liberales, apoyado en los votos de los Demócratas de Suecia.
Esa cooperación, conocida como el Acuerdo de Tidö, llevó a los Demócratas de Suecia, un partido con raíces en la extrema derecha, más cerca del poder que nunca. Antes de las elecciones los Moderados les habían abierto incluso la puerta a carteras ministeriales si el bloque ganaba. En cambio, los Demócratas de Suecia cayeron a 62 escaños, 11 menos que en la composición anterior del parlamento, lo que supone su primer retroceso desde que entraron en el Riksdag en 2010.
El 18 de septiembre el presidente del Riksdag, Andreas Norlén, encargó a la líder de los socialdemócratas, Magdalena Andersson, que explorara las opciones para un nuevo Gobierno. Su partido siguió siendo con diferencia el más grande, con 99 diputados, pero perdió ocho escaños, de modo que la victoria de la oposición la aportaron sobre todo sus socios más pequeños. Andersson, que en 2021 se convirtió en la primera mujer al frente del Gobierno sueco, declaró que aceptaba la tarea con gran humildad y que actuaría de forma constructiva. Su primer mandato duró menos de un año.
La aritmética de la mayoría, sin embargo, esconde una ecuación difícil. El Partido de la Izquierda, liderado por Nooshi Dadgostar, exige un puesto en el Gobierno y advierte de que no apoyará un gabinete en el que no participe. El Partido del Centro, por su parte, se puso del lado de la izquierda porque no quiere gobernar con los Demócratas de Suecia, pero rechaza con la misma firmeza ministros del Partido de la Izquierda. Según una fuente del Partido de la Izquierda, el Partido del Centro sigue negándose a sentarse a unas negociaciones conjuntas. Dadgostar dejó claro que su partido mantendría su exigencia, incluso si eso empujara a Suecia hacia nuevas elecciones.
La Constitución sueca además no exige que el primer ministro tenga una mayoría detrás. Un candidato es rechazado solo si una mayoría absoluta vota en su contra, es decir, al menos 175 de los 349 diputados. Si el parlamento rechaza la propuesta del presidente cuatro veces, se convocan elecciones extraordinarias. Una opción es un Gobierno en minoría de los socialdemócratas, que dependería de los votos de los demás partidos.
El nuevo Riksdag se reunirá el 28 de septiembre, cuando Andersson debe presentar un informe sobre las negociaciones, y la votación para primer ministro es posible como muy pronto al día siguiente. La experiencia es dispar: en 2018 las negociaciones duraron nada menos que 134 días, mientras que en 2022 concluyeron en 37 días. En las próximas semanas quedará claro si Andersson logrará reconciliar los dos extremos de su bloque o si Suecia irá a nuevas elecciones.